Ciudadana literaria…

Madrid, 1977 (aunque solo creo en las patrias interiores).

Me habitan multitudes, como recitó el viejo Walt, pero todas ellas leen y escriben. Sí, todas ellas se refugian en la literatura: primero fui hija y hermana. Después, y sin ningún orden especial, lectora, escritora, soñadora, lesbiana, feminista, activista, amante, amada, madre, traductora, amiga, trovadora, heredera de otras… creo imprescindible hacer genealogía feminista y tomar conciencia de mis privilegios. Me rijo por la política del deseo.

A veces quiero salir a la calle a cambiar el mundo. A menudo necesito estar sola. Me hallo inmersa en un constante viaje de pocos centímetros, los que hay entre la cabeza y el corazón.

Mi animal espiritual es una loba.

“El odio ha causado infinitos problemas en el mundo y no ha logrado resolver ni uno”, dijo Maya Angelou.

Tiendo a ser inasequible al desaliento.

Eso no siempre juega a mi favor.

Pero aquí estamos.